Crecen por toda España las peligrosas bandas de Tcharmile, las bandas juveniles marroquíes

El pánico al fenómeno violento de los 'charmiles' (Tcharmile), las bandas juveniles marroquíes que se asemejan a las maras de Centroamérica, crecen por toda España.

MARRUECOS

El primer ataque registrado del Tcharmile se produjo en marzo pasado en una peluquería de moda del barrio de Maârif, en Casablanca. Tres chicos entraron con sus espadas afiladas en el establecimiento y sembraron el caos. Las clientas huyeron despavoridas. Luego se reprodujeron en los siguientes días y semanas más asaltos, con la misma estética de sables, y algunos asesinatos. Se generó una extraña sensación de miedo y los medios de comunicación le pusieron etiqueta a las bandas con múltiples reportajes: había nacido el fenómeno del Tcharmile. Un término, ahora maldito, procedente de un dialecto marroquí que alude al adobo de especies y hierbas con que se condimenta la carne, que se utiliza también para definir a los espadachines y sus peinados afilados.

CATALUÑA

En cataluña, el tcharmile, las bandas juveniles norteafricanas, está depredando entre los MENAs.

El epicentro de la acción de estos grupos son los jardines de Sant Pau del Camp de la Ciudad Condal, donde duermen, comen, se duchan y hacen las necesidades algunos de los mena. Los vecinos cuentan a hasta 50 jóvenes. Algunos de ellos utilizan este espacio público para robar, intercambiar mercancía robada, esnifar cola o trapichear con drogas. «No son todos, pero sí los que llevan la voz cantante y los manipulan. Uno de ellos, Mohammed, salió de la cárcel hace poco», explica O., una vecina. Los residentes del Raval rechazan criminalizar a los niños, pero su paciencia se ha agotado. «Aquí no viene nadie. ¿Ayuntamiento y Generalitat de Cataluña? Ni se les espera. ¿Mossos y Guardia Urbana? O acuden en patrullas de ocho o ni se acercan. Y se acercan solo para identificar a autores de hurtos. Nadie los mete en el sistema de inserción», lamentan.

EN EL PAÍS VASCO

“Deben estar actuando por la zona del Guggenheim. Se mueven por la zona Uribarri, Zubiarte y el parque de los patos, además de en otras localidades. Entre 16 y 18 años”. Este es el extracto de una serie de datos intercambiados por Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una de las partes intervinientes es la Policía Autónoma Vasca. Se advierte de un fenómeno que, aunque ya va siendo conocido parece que las administraciones públicas están teniendo problemas para controlar: qué sucede con los menores no acompañados, los menas, que llegan a nuestro país cuando dejan de estar institucionalizados.

Sorprende la velocidad con la que este fenómeno se está propagando en nuestro país, pero sorprende más cuando se trata de una situación que ya hemos vivido prácticamente antes de ayer con la aparición de las bandas latinas. Ahora nos toca aprender otro término del que expertos en extranjería y seguridad fronteriza vienen avisando tiempo: los Tcharmil. Estos grupos, asimilables en conducta, estética y acción delictiva a las bandas latinas tienen su origen en la inmigración ilegal, o más bien, en los perfiles delincuenciales que aprovechan la inmigración ilegal para llegar a nuestro país y que se nutren de la situación de los menas internados en centros de acogida para nutrir sus filas. Fuentes policiales confirman una información tan incómoda como inquietante: “Cuando un mena institucionalizado cumple la mayoría de edad llega un momento en el que el sistema que lo ha acogido no puede seguir haciéndolo, simplemente porque siguen llegando menores de los que ocuparse. Qué decir si los menas que cumplen 18 ya no quieren seguir teniendo ese apoyo. El problema es que esos menas que ya no lo son siguen frecuentando el centro donde han estado internos y seducen puertas afuera con lo que tratan de evitar puertas adentro”. Y así van formándose esos grupos.