Derivas totalitarias

Por Sergio Durán |

Fue Montesquieu, el que durante la Ilustración, ideó la separación de poderes que ha sido faro de democracia en todo el mundo occidental y en especial es la Europa Occidental. Se trata de un constructo histórico que llega hasta nuestros días y que reza que “de nuevo, no hay libertad, si la potestad de juzgar no está separada de la potestad legislativa y de la ejecutiva. Si estuviese unido a la potestad legislativa, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario; debido a que el juez sería el legislador. Si se uniera a la potestad ejecutiva, el juez podría tener la fuerza de un opresor” (El espíritu de las leyes).

Mucho ha llovido pero el sistema de la independencia judicial no ha sido perfeccionado desde entonces. Y es que el hecho de que un cuerpo absolutamente independiente juzgue de acuerdo a ley los actos de las personas es tan consustancial como a la democracia como la libertad de voto.

Las democracias modernas para ser entendidas como tales deben tener dos pilares sobre los que basarse. El primero es el respeto absoluto a los derechos individuales y el segundo es la capacidad del sistema político de generar alternancias en el poder. Este segundo tiene que ver con el voto, su libertad, la información que recibe el ciudadano, y la capacidad del sistema de integrar y aceptar al diferente a aquel que gobierna.

En este sentido, España ha tenido y tiene un deriva totalitaria que hay que vigilar por dañina y venenosa hacia lo que se denomina una democracia sana. Cada vez que un político desde cualquier tribuna tilda a otro de algo, como extremista, extrema derecha, he de decir que empiezo a sentir miedo. Ni qué decir cuando una Ministra afirma que los que piensan de determinada forma están fuera de la Ley. Y lo escribo en mayúsculas. Son derivas sobre las que es nuestra responsabilidad estar muy atentos y vigilantes. Tienden a evitar con todas sus fuerzas la capacidad del sistema de su alternancia en el poder. Son fracasos democráticos. Y en tal sentido deberían ser castigados ab initio.

Lo políticamente correcto, es decir, el encorsetamiento ideológico fuera del cual el diferente deja de ser humano para ser otra cosa, algo diferente, inferior, entre odio y condescendencia, tributario de reeducación, es posible en todo sistema social, pero no es democrático, sino otra cosa diferente, ajeno a cualquier alternancia. Es totalitarismo autolegitimado desde el gregarismo social. Eso es Podemos en España, eso es lo que significa Irene Montero.

En el otro sentido, el respeto absoluto a los derechos individuales exige que el devenir del individuo en sus actos y sus industrias quede ajeno a cualquier arbitrariedad. De ahí que juzgar sus actos nunca puede ser un acto político, sino técnico. Y por eso es esencial la independencia judicial. Cualquier acto tendente a socavarla va en un déficit democrático, en una nueva deriva totalitaria. Cuando una política afirma que el Congreso es soberano me echo a temblar. Soberano es el pueblo español. El Congreso es su voz en un momento determinado, que es otra cosa. Está sujeto a la precariedad temporal electoral, a dios gracias. Los millares de normas y leyes que conforman una sociedad moderna podrán ser modificadas por el Congreso dependiendo de sus mayorías, pero no interpretadas en clave individual. La interpretación es atemporal, técnica, y a la vez humana. Citando a Montesquieu, pretenden arbitrariedad. Y esa arbitrariedad es la que parece buscar Pedro Sánchez y el actual PSOE.

Y ahí tenemos a este gobierno, bicéfalo, el víspera de esta moción de censura, que por un lado trata de evitar toda alternancia política y por otro intenta controlar aquello que nos afecta a cada uno de nosotros; la seguridad de que lo que hago en cada momento no puede ser juzgado de forma arbitraria.

¿Por que?. No nos engañemos. Este gobierno no surgió de la moción de censura hacia Rajoy. Surgió del #8M, de las manifestaciones de la muerte, en las que unos y otros en los pasillos de Moncloa saben lo que hicieron y huyen hacia adelante.

Sergio Durán Jurista y tertuliano de Buenos Días España