Dinero sin patria: Youtubers que escapan y Estados que malgastan

Por Sergio Fernández Riquelme

Los millonarios nunca tiene patria, en este caso fiscal. No solo supuestamente los tradicionales potentados (de la economía industrial o financiera), sino también los emergentes acaudalados nacidos en la era tecnológica y consumista en la que vivimos. Los grandes negocios de la Big Tech (de Google a Amazon) saben perfectamente cómo pagar poco o no pagar nada (en paraísos fiscales creados para ellos incluso en la propia UE, sin tener que marchar a los siempre sospechosos mini-Estados); “famosos” deportistas, actores, músicos o youtubers (amén de gamers, influencers e instagramers variados) cambian su residencia para evitar que casi la mitad de sus ingresos sean tomados por la Hacienda pública; cada vez surgen más casos de corrupción de partidos políticos y organizaciones sociales que roban, parece que lógicamente, en un sistema se proclama que el “dinero no es de nadie”; e incluso asistimos a la eclosión de redes paralelas de transacción económica digital que ponen en alerta a las autoridades monetarias (de métodos de pago virtuales a las criptomonedas como los Bitcoins).

Nuevas y viejas formas de defraudar (o “escapar del infierno fiscal” dirían los más liberales) que desafían la lógica función del Estado (o “alcanzar el socialismo fiscal” señalarán los más progresistas) de redistribución de la riqueza y de financiación de los servicios públicos. Pero una realidad que muestra las costuras de esos mismos gobiernos, a veces fallidos (como puede ser el español). Cada vez con menos capacidad “soberana” en Occidente, cuando se ven dominados por los poderes plutocráticos transnacionales (del Foro de Davos a la Open Society) que dictan como producir (empeorando las condiciones de trabajo) y consumir (reduciendo el tejido de pequeñas y medianas empresas). Cada dos por tres puestos en evidencia, cuando se gastan sin medida los recursos de todos en medidas propagandísticas propias o en los señalados “chiringuitos” afectos (como la ideología de género), que no redundan en en beneficio real de la mayoría de la ciudadanos más humildes y trabajadores (siempre afectados por las crisis y los recortes). Y cada día devueltos a la realidad cuando tienen que perseguir a esos jóvenes (en especial a los “famosos” posmodernos) a los que se había adoctrinado en la autorrealización más obscena y hedonista, pero a los que ahora se pedían responsabilidades éticas o impositivas cuando ganaban millones y el gobierno los perdía (como ante la Pandemia).

El dinero no tiene nación, pero los ciudadanos si deben tenerla. Una patria, eso sí, que construya esa misión común capaz de combinar tradición y modernidad, con ciudadanos que colaboren justamente con sus recursos materiales y morales, pero con gobernantes que usen los mismos al servicio del desarrollo compartido y el Bien común. Como escribió Alejandro Dumas “no estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo”.

SERGIO FERNÁNDEZ RIQUELME
Profesor de la Universidad de Murcia, es historiador, doctor en política social e investigador acreditado en análisis historiográfico y social a nivel nacional e internacional