El efecto Biden: cien días de caos

Por Sergio Fernández Riquelme

La frontera mexicana colapsada, tiroteos recurrentes, alza de precios, dudas sobre su estado de salud (física y mental), subida de impuestos, nuevos bombardeos, críticas de sus propios congresistas, presión renovada a gobiernos en Europa del Este o Medio Oriente, y enemistad manifiesta con Rusia (llamado “asesino” a su presidente”) y con China (despreciando a sus delegados en la cumbre bilateral). Los dems han vuelto.

Se suelen dar “cien días” de cortesía política, dicen, a los nuevos gobiernos. Y esta centena quizás muestra que el tándem Biden-Harris, más allá de la valoración subjetiva que merezca y de ciertos logros innegables, objetivamente parece sumido en el caos. Pero la prensa afecta, y mayoritaria, dirá lo contrario: pequeños defectos o problemas heredados. Su lema presidencial era “América ha vuelto; Estados Unidos ha vuelto; el multilateralismo ha vuelto; la diplomacia ha vuelto”, ¿pero que América regresa realmente?.

El lenguaje puede intentar cambiar la realidad, pero los datos siempre son evidentes. Han desaparecido “por arte de magia” las manifestaciones del Black Lives Matter (BLM), pero los problemas estructurales de racismo o discriminación en los EEUU siguen muy presentes; se habla de “multilateralidad”, pero se lanzan bombas en Siria o se regresa a duras sanciones contra el “viejo eje del mal”; se fueron los republicanos de la Casa Blanca, y crecen las denuncias por violaciones de los derechos humanos de los migrantes en la frontera sur; vuelve a crecer el nivel de contratación laboral en el país, pero manteniendo los estímulos de su predecesor y siendo beneficiado por la superación de las restricciones del Coronavirus; se habla de tolerancia y diversidad, pero crece exponencialmente la censura y la cancelación de ciertas opiniones y comportamientos definidos sin juicio como “políticamente incorrectos”; se hablaba de un nuevo tipo de presidencia “normal”, pero Joe Biden es carne de meme diaria por sus continuos olvidos y líos en las entrevistas periodísticas y por sus habituales tropezones dialécticos (e incluso por los más concretos en escaleras del Air Force One); su inmenso proyecto de gasto público ha sido criticado, incluso, por sus aliados de Bloomberg (como recogía Shawn Donnan en Biden’s $4 Trillion Industrial Policy Faces Bigger Hurdles Than Politics); se alzó la retórica de la igualdad, pero Biden sigue siendo millonario y los millonarios de Silicon Valley y Hollywood afectos a causa dem siguen ganado mucho dinero (y la vicepresidenta Kamala Harris vendió por “solo” 800.000 dólares su ‘loft’ en San Francisco); y el “trumpismo” parecía acabar con su derrota electoral y estar bajo control en las redes, pero Trump amenazaba desde Florida con ser de nuevo candidato en 2024 (para jolgorio de la CNN, que perdió gran parte de su audiencia, y de su razón de ser, con la marcha del ya expresidente).

Por sus hechos los conoceréis, nos enseña el evangelio, más allá de sensibles palabras posmodernas generadas por el marketing político; y perfectamente utilizadas, por cierto, para ganar por lo civil o lo criminal a Trump durante la campaña y el mismo conteo de votos (como descubría la periodista Molly Ball en The Secret History of the Shadow Campaign That Saved the 2020 Election). Solo la realidad, cuantitativa y cualitativamente, nos dirá pronto si está regresando el viejo imperialismo norteamericano (tanto neocon como neoprogresista) ahora en clave globalista, o nos encontramos con un precioso gobierno progresista centrado en construir un mundo más unido y pacífico (a lo que aspiraba su lema electoral “Build Back Better”).

SERGIO FERNÁNDEZ RIQUELME
Profesor de la Universidad de Murcia, es historiador, doctor en política social e investigador acreditado en análisis historiográfico y social a nivel nacional e internacional