Sobre memos, memas y memes

Por Sergio Fernández Riquelme

En llamado “lenguaje inclusivo” ha llegado al siguiente nivel. Las palabras políticamente correctas de la Nueva Izquierda han hecho arder las redes sociales, en especial con un peculiar tercer género gramatical acabado en “e”: se habla de memos que quieren vivir como burgueses pero apelando puntualmente a la simbología obrerista, de memas que “de-construyen” la forma de hablar para hablarles solo a las minorías afectas, y de memes que ridiculizan de forma visual y viral a la que consideran como progresía verdaderamente “radical-chic”.

La lengua de un pueblo está siempre viva, es verdad. La hacemos cada día, entre el respeto a la norma que permite la comunicación, y la integración en ella de las realidades sociales que creamos o que adoptamos y que permite la evolución. Por ello, puede mutar de forma más o menos natural o artificial, pero con una serie de marcos de referencia que evitan, como bien recuerda la RAE, duplicidades prescindibles (teniendo nuestro género neutro, que abarca a todos y todas), errores evidentes e inventos sin sentido. Y al respecto lo dejaba meridianamente claro: “el uso de la letra ‘e’ como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical (‘chicos’) ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género».

La ficción ideológica siempre lo intenta: convertir especulaciones teóricas en necesidades ciudadanas que no se limiten a ciertos ámbitos públicos o universitarios. Más allá de las risas que parecen justificadas sobre los llamados “memos, memas y memes”, este nuevo nivel lingüístico responde a la difusión de otra pretensión de la ideología liberal-progresista global, con un plan, con unos medios y con sus propias palabras. Y lo van logrando, poco a poco, desde la ley y desde la escuela. Pero todo, a veces, tiene un límite: objetivamente, sus palabras y sus géneros (y las realidades que pretenden significar y proclamar) parecen casi exclusivas de elites ajenas, cada vez más, de la vida diaria de la inmensa mayoría de personas que intentan usar la lengua para aprender, trabajar, comunicar y relacionarse, lo mejor posible. Antes de la resiliencia moderna nuestros padres ya sabían como aguantar, sobreponerse, tirar para adelante.

La realidad humana siempre resurge. Desempleo, pobreza, inseguridad, precariedad, despoblación, desigualdad; estás parecen ser las palabras esenciales de los trabajadores de ambos sexos, las que de verdad les quitan el sueño o les impiden sus sueños, y que no remiten a la supuesta “inclusividad” oficial. Podemos hablar sobre “miembras y miembros” o “sobre “todos, todas y todes”, pero quizás deberíamos volver a hablar en el idioma propio de los que sufren, de los que no tienen, de los que se quedan atrás, de los que nos necesitan, de los que padecen. A lo mejor así podremos escucharlos y entenderlos.

Ya lo advirtió C.S. Lewis: “cualquier necio puede escribir en lenguaje erudito. La verdadera prueba es el lenguaje corriente”. Habrá que comprobar si superarían esta prueba nuestros “memos, memas y memes”.

SERGIO FERNÁNDEZ RIQUELME
Profesor de la Universidad de Murcia, es historiador, doctor en política social e investigador acreditado en análisis historiográfico y social a nivel nacional e internacional