El gobierno tiene un problema con las vacunas y la inmunidad de rebaño

Por Francisco Lázaro

Hace no mucho se decía que no era conveniente vacunar a la gente joven. Era de sentido comun. Las nuevas generaciones son el recurso más importante de una sociedad. Aparte de el sistema inmunitario de un adolescente o un niño es más vigoroso y le mantiene a salvo de las consecuencias de cualquier enfermedad infecciosa, probar fármacos de nuevo desarrollo y no suficientemente ensayados en el segmento poblacional de menor edad no deja de tener su riesgo social y moral. Pero hete aquí que de repente los mismos que asumían una opinión tan razonable, de la noche a la mañana cambian de parecer y ahora están haciendo planes para vacunar masivamente a todos los grados escolares y de secundaria en cuanto comience el nuevo curso académico. Está comprobado que la infamia de la clase política y las administraciones públicas no conoce límites.

¿Por qué este cambio en la estrategia sanitaria de los gobiernos? Para entenderlo basta hacer algunas cuentas básicas. Actualmente, un 40 – 45% de la población -tanto en Euskadi como en el resto de España- se encuentra vacunada. A ella hay que añadir el 10% que ya ha padecido la enfermedad, y que por lo tanto se encuentra inmunizada. Gobierno y autonomías aspiran a que esa proporción alcance el 70% o más (para compensar la mayor virulencia de la variante Delta). Sin embargo, la campaña de vacunación se está encontrando con unos límites muy difíciles de traspasar.

Aproximadamente un 20% de la población corresponde a ese segmento infantil y juvenil que antes quedaba excluido por razones de prudencia sanitaria. Otro 20%, con tendencia a aumentar hasta un 30%, lo integran los cada vez más numerosos objetores de la vacuna. No solo en España; en algunas regiones del norte de Alemania, un 30% de las personas llamadas a vacunarse no se presentan en los dispensarios. Con esto ya tenemos como poco un 40% de individuos que no se van a vacunar, por lo que los objetivos de las diversas campañas puestas en marcha por la sanidad pública difícilmente podrán superar el 60%, muy por debajo de la cota señalada para la inmunidad de rebaño.

La única salida que el gobierno encuentra a este dilema consiste en vacunar, aunque sea por decreto, a la población juvenil e infantil, añadiendo así un 20% a las tasas poblacionales necesarias para la inmunización. Esta es, en pocas palabras, la causa de que nuestro Ministerio de Sanidad y la Consejería de Salud del Gobierno Vasco hayan mudado de opinión y donde dije digo ahora digo diego. No entramos a valorar éticamente la decisión, yo creo que este tipo de cambios se definen por sí mismos.

Por supuesto hay alternativas. la lucha contra la pandemia sería mucho más eficaz y menos conflictiva si en lugar de hacer valer estas consideraciones inmorales de razón de estado se siguiera una estrategia más centrada en prioridades estrictamente sanitarias. La vacunación debe ser voluntaria. Los jóvenes deben continuar quedando exentos de ella. Y sobre todo, en esta etapa terminal de la pandemia no deberían cometerse los mismos errores que llevaron hace un año al desastre de gestión del Covid-19 y a la mayor crisis económica de las últimas décadas. Ahora que tenemos ocasión para ello, las políticas de contención y aplanamiento de la curva deberían ser rememplazadas por una estrategia de supresión total del patógeno, con detección temprana de los brotes y confinamientos selectivos.