Erdogan amenaza a Europa

Por Uzay Bulut

Europa ha vuelto a ser objeto de ataques terroristas islamistas.

El 16 de octubre Samuel Paty, profesor de Historia, fue decapitado en París por un joven musulmán checheno de 18 años que había obtenido el estatus de refugiado en marzo. Paty fue asesinado tras mostrar a sus alumnos, en un debate sobre la libertad de expresión, unas caricaturas de Mahoma publicadas en Charlie Hebdo.

El 29 de octubre tres personas fueron asesinadas y varias resultaron heridas en un ataque cuchillero islamista en la basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Niza; una de las víctimas fue decapitada.

Tras este último ataque, Francia elevó su nivel de alerta antiterrorista a la categoría de «emergencia máxima». Unos 4.000 soldados fueron desplegados para la protección de escuelas, iglesias y otros lugares de culto.

El 2 de noviembre cuatro personas fueron asesinadas y 22 heridas (entre ellas un agente de policía) en un ataque islamista perpetrado en seis puntos distintos de la capital de Austria, Viena.

Luego del asesinato de Paty, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, defendió la libertad de expresión y credo:

Nuestro compatriota fue asesinado por enseñar; por enseñar a los jóvenes la libertad de expresión, la libertad para creer o para no hacerlo. Nuestro compatriota fue víctima de un ataque terrorista.

Macron añadió que el islam está en crisis y que combatiría el «separstismo islamista» en Fancia. Por otro lado, se informó de que «el Gobierno [francés] presentará un proyecto de ley en diciembre para reforzar la ley de 1905 que separa la Iglesia del Estado (…). [Macron] anunció una estricta supervisión de la enseñanza y que se controlará mejor la financiación extranjera de las mezquitas».

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, reaccionó diciendo: «¿Qué problema tiene el individuo llamado Macron con el islam y con los musulmanes? Macron necesita tratamiento psiquiátrico». Además, llamó al boicoteo de los productos franceses y obtuvo el respaldo parlamentario de su Partido Justicia y Desarrollo (AKP), del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), del laico y opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP) y del Partido Iyi.

La reacción hostil a Europa del Gobierno turco no es cosa nueva. Erdogan lleva años amenazando a Europa y al resto de Occidente.

La presente crisis turco-europea parece derivar de profundas diferencias culturales y políticas entre las partes. Entre Europa, que respeta las libertades, y Turquía, que las viola.

En Turquía la represión contra los periodistas críticos que siguió a la fallida intentona golpista de 2016 afectó también a periodistas extranjeros como Olivier Bertrand y Loup Bureau. Turquía, candidato a formar parte de la Unión Europa desde hace mucho tiempo, ha sido criticado a menudo por Gobiernos occidentales y organizaciones internacionales de prensa por su encarcelamiento masivo de periodistas.

En marzo de 2017 Erdogan salió al paso de las críticas en un acto con periodistas celebrado en Ankara. Si Europa persiste en su actitud, dijo, «ningún europeo, ningún occidental podrá ir por la calle seguro y en paz».

Erdogan prosiguió diciendo que los países occidentales siempre acusan a Turquía de violar la libertad de prensa y de encarcelar a periodistas:

Cuando pedimos una lista de esos periodistas (…) nos dieron una (…) En ella había de todo, desde ladrones a asesinos, abusadores de niños y estafadores. Lo único que no había era periodistas.

El mandatario turco afirmó que se les mandó una lista con el nombre de 149 presos, y que el Gobierno la sometió a examen. «144 estaban presos por delitos relacionados con el terrorismo y cuatro por delitos comunes».

«¿Qué tiene que ver con el periodismo esa gente que nos enviáis en una lista?», agregó.

Sabemos cuáles son sus verdaderas intenciones. Cuando se trata de ellos mismos, no tienen el menor problema en dejar de lado la democracia, los derechos, las libertades, la justicia y la prosperidad, pero cuando se trata de Turquía se ponen una máscara enseguida. A los de la máscara hemos decidido tratarlos como los bandidos que son. Si no tienes nada que esconder, ¿por qué te pones una máscara? Ten coraje y di: «Tengo unos asuntos pendientes con Turquía: quiero verla dividida y fragmentada»; para que todo el mundo sepa quién es quién.

«Si seguís esa peligrosa senda», añadió, «seréis los primeros en quedar expuestos a los peores daños. Turquía insta a los países europeos a respetar la democracia, los derechos humanos y las libertades».

La Casa de la Libertad (Freedom House) califica a Turquía como país «no libre». Según un informe de la Plataforma por el Periodismo Independiente publicado el pasado 16 de noviembre, en Turquía hay al menos 86 periodistas y empleados de medios de comunicación encarcelados, bien a la espera de juicio o cumpliendo condena.

Los problemas entre Turquía y Francia se agudizaron tras la invasión turca del norte de Siria: luego de que Macron se reuniera con dirigentes kurdos (de las Fuerzas Democráticas Sirias –FDS–) en el Palacio del Elíseo en marzo de 2018, se ofreció a mediar en unas negociaciones turco-kurdas y manifestó que confiaba en que «pueda establecerse un diálogo entre las FDS y Turquía con la ayuda de Francia y la comunidad internacional». Pero Erdogan rechazó el ofrecimiento:

Esa declaración desborda los límites y la talla de esa persona [Macron]. ¿Quién te ha impuesto ese deber? No te metas en empresas que te quedan grandes.

No necesitamos un mediador. ¿Desde cuándo tiene problemas Turquía con sentarse a una mesa con organizaciones terroristas? Puedes sentarte a la mesa con una organización terrorista, pero Turquía combate contra organizaciones terroristas como en [la localidad siria de] Afrín.

Evidentemente, Erdogan olvidó mencionar que Turquía acoge a miembros del grupo terrorista Hamás, filial de la Hermandad Musulmana, y presumiblemente les permite montar bases desde las que atacar a Israel. Según una información aparecida en The Times el 22 de octubre, Hamás opera secretamente una instalación en Turquía desde la que lleva a cabo ciberataques y operaciones de contrainteligencia. Citando fuentes occidentales de inteligencia, el referido diario dice que se puso en marcha hace dos años y que la supervisan los jefes militares de Hamás en Gaza. Sin embargo, Erdogan señaló a Francia después de que Macron se reuniera con los referidos dirigentes kurdos de Siria:

Con esa actitud, Francia no tiene derecho a quejarse de organización terrorista alguna, de ningún terrorista ni de ningún atentado. Quienes duermen con terroristas y albergan a terroristas en sus palacios, tarde o temprano comprenden su error. Quienes tan temerariamente apoyan a esos terroristas deberían igualmente prepararse para las consecuencias para la ciudadanía francesa. Los problemas que estamos experimentando en este momento también pueden presentárseles a ellos, en cualquier momento. No sé qué más podríamos decir o hacer para que comprendan que no bromeamos y que no vamos a tener la menor tolerancia en este punto.

El 7 de abril, horas después de que un hombre atropellara con una furgoneta a varias personas en Münster, Alemania, Erdogan volvió a amenazar a Francia:

Francia: estás apoyando el terrorismo, están apoyando y albergando a terroristas en el Palacio del Elíseo (…) Ves lo que está pasando en Alemania, ¿verdad? Lo mismo pasará en Francia. Occidente no podrá librarse del flagelo del terrorismo. Si Occidente alimenta a esos terroristas, se hundirá.

Las prevenciones austriacas ante el islam radical parece que también enfurecieron a Erdogan. En 2018 el Gobierno de Viena anunció el cierre de siete mezquitas radicales y la expulsión de 40 imanes financiados por la Unión Turco-Islámica para la Cooperación Social y Cultural (ATIB), vinculada al Directorio turco de Asuntos Religiosos (Diyanet). La denominada Ley del Islam austriaca, aprobada en 2015, prohibe la financiarión exterior de grupos religiosos y exige a las organizaciones musulmanas «una visión positiva en lo fundamental hacia el Estado y la sociedad» austriacas.

«Las sociedades paralelas y las tendencias radicalizadoras del islam político no tienen sitio en nuestro país», declaró el canciller austriaco, Sebastian Kurz. A lo que Erdogan replicó:

El primer ministro austriaco está haciendo cálculos sobre el cierre de nuestras mezquitas en Europa. ¿A dónde conduce esto? Temo que a una guerra entre cruzados [y musulmanes]; los pasos dados por este primer ministro austriaco llevan el mundo a eso. (…) Dicen que [van a] expulsar a nuestros clérigos. ¿Y piensan que nos vamos a quedar de brazos cruzados? También nosotros actuaremos.

Turquía, miembro de la OTAN y aspirante a ser miembro de la UE, está amenazando abiertamente la seguridad de los occidentales, lo cual es inaudito. Pues bien, el 22 de noviembre Erdogan instó a la UE a «mantener sus promesas» en lo relacionado con el ingreso en la UE, precisamente, y con los refugiados:

Aun si dejamos de lado la historia previa, sólo el Imperio Otomano tiene una historia de 600 años en Europa. Hoy, nos vemos como parte integral de Europa.

Erdogan aludía a los siglos de ocupación otomana de países europeos como Chipre, Hungría y Grecia. La presencia de los turcos otomanos en el Viejo Continente estuvo signada por los conflictos entre su Imperio y Europa, desde la última Edad Media hasta principios del s. XX. Tras destruir el Imperio Bizantino en Asia Menor (la actual Turquía), los turcos otomanos guerrearon en los Balcanes contra pueblos cristianos como el húngaro, el búlgaro, el croata, el griego y el serbio. El Imperio Otomano puso Europa Central en la mira en los siglos XV y XVI. Las guerras véneto-otomanas duraron tres siglos, de 1423 a 1718. Los cristianos que cayeron bajo la férula otomana se convirtieron en dimmíes, súbditos tolerados de segunda clase que compraban su seguridad y supervivencia pagando elevados tributos, y eran sistemáticamente maltratados por las autoridades.

Una de las prácticas más abusivas de los otomanos era el devshirme, la leva de niños o el impuesto de sangre, por el que muchachos cristianos eran sustraídos de sus localidades, esclavizados, convertidos al islam y posteriormente adiestrados como soldados. Evidentemente, Erdogan ve la ocupación otomana y el maltrato a los pueblos europeos como contribuciones turcas al Viejo Continente.

La actual beligerancia revela una vez más las grandes diferencias entre Europa y el régimen de Erdogan. Es un conflicto entre una mentalidad que respeta la libertad de prensa y otra que encarcela a los periodistas críticos. Entre una mentalidad que quiere preservar la seguridad de la ciudadanía y otra que busca la sumisión de los demás mediante las amenazas y el terror. Entre una mentalidad que trata de resolver los asuntos mediante el diálogo y la negociación y otra que se empecina en violar e incluso invadir el territorio del vecinos.

Como presidente de Francia, Macron tiene la responsabilidad de proteger la seguridad y la libertad de expresión de sus ciudadanos. Es el régimen de Erdogan lo que pone en peligro la seguridad y la libertad de los europeos… y la de los armenios, los sirios, los iraquíes y buena parte de los propios turcos