La transformación religiosa de las escuelas francesas

Por Giulio Meotti

«A diferencia de usted y de tantos otros, coronel, Mila jamás se someterá», escribió el padre de la adolescente francesa al director de su academia en una carta publicada por Le Point. El 18 de enero de 2020, Mila O., una chica de 16 años, hizo comentarios insultantes sobre el islam durante un directo que estaba llevando a cabo desde su cuenta de Instagram.

En los comentarios, un chico musulmán le pidió una cita, pero ella le rechazó porque es gay. Entonces, él la acusó de racista y la llamó «sucia lesbiana». En un airado vídeo grabado nada más concluir el directo en el que fue insultada, Mila respondió diciendo que ella «odia la religión».

Mila prosiguió: «El Corán es la religión del odio; sólo hay odio ahí… El islam es una mierda». Desde entonces, ha recibido unos 50.000 mensajes y cartas con amenazas de violación, degollamiento, tortura y decapitación. Y ha tenido que saltar de un centro educativo a otro.

Una vez más, Mila se ha visto sin centro al que acudir. En una red social, accidentalmente dio el nombre de su nueva academia militar y la dirección enseguida la excluyó por ser una potencial amenaza para la seguridad de los estudiantes. «Devastado por tanta cobardía», escribió el padre de Mila. «Ni siquiera el Ejército puede protegerla y permitirle seguir con su formación académica. ¿Qué podemos hacer nosotros, sus padres? Para nosotros, esto es una película de terror».

¿Ni siquiera el Ejército francés puede protegerla? «Tiene 17 años y vive como la redacción de Charlie Hebdo, en un búnker. ¡Esto es insoportable!», declaró el abogado de Mila, Richard Malka.

Pocos días después, Caroline L., profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Aix-Marsella, recibió incontables amenazas de muerte por «islamófoba». El fiscal de Aix-en-Provence abrió una investigación por «insultos públicos por pertenencia a una religión». ¿Su delito? Caroline L. dijo lo siguiente a sus estudiantes:

No hay libertad de conciencia en el islam. Si has nacido de padre musulmán, eres musulmán para toda la vida. Es una suerte de religión transmitida por el sexo. Uno de los mayores problemas que tenemos con el islam, pero desgraciadamente no el único, es que no reconoce la libertad de conciencia, lo cual es absolutamente estremecedor.

El instituto Pierre Joël Bonté de Riom (Puy-de-Dôme) fue clausurado el 11 de enero por «insultos y amenazas de muerte» al profesorado. «Hemos decidido cerrar el centro por los insultos y amenazas de muerte, para proteger a los estudiantes y al personal docente», manifestó un portavoz. Pocas horas después, una profesora de Toulouse, Fatiha Boudjahlat, pidió protección policial tras recibir amenazas de consideración.

En 2015, el Estado Islámico proclamó que había que atacar las escuelas francesas y alentó a sus seguidores a «matar a los profesores»Según el experto en islamismo Gilles Kepel, «para los partidarios del isñam político, la escuela se ha convertido en un bastión que asaltar».

En un artículo en L’Express se señalaba trágicamente que los centros educativos son objeto de violentas campañas islamistas en todo el mundo. En 2014, 132 jóvenes murieron en un mortífero ataque islamista contra una academia militar de Peshawar (Pakistán). Entre 2009 y 2012, el Talibán paquistaní atacó 900 escuelas, según un informe de la ONG International Crisis Group. La premio nobel de la paz Malala Yusafzai, conocida por su lucha por la instrucción de las niñas, fue disparada en la cabeza por un talibán en Swat (Pakistán). Boko Haram, responsable de numerosos ataques en Nigeria, reivindicó el secuestro de 276 chicas en Chibok. En un ataque de islamistas afiliados a Al Qaeda contra la Universidad Garissa de Kenia fueron asesinados 142 estudiantes. En Burkina Faso se han clausurado más de 2.000 escuelas.

En Francia bulle una guerra de baja intensidad que tiene por objeto radicalizar la escuela. Aunque muchos musulmanes no apoyen semejante transformación, el asalto parece haber empezado en 1989, año del bicentenario de la Revolución Francesa y de la publicación en el Hexágono de la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos. En Creil, un centro educativo denegó la admisión a tres estudiantes por llevar el velo islámico. Las autoridades francesas trataron de rebajar la tensión mediante el diálogo y el apaciguamiento. No obstante, en un llamamiento publicado por Le Nouvel Observateur y firmado, entre otros, por Alain Finkielkraut y Elisabeth Badinter, varios intelectuales denunciaron el «Múnich de la escuela republicana».

La islamización de la escuela francesa está alcanzando un ritmo vertiginoso. En 1989, el grito fue «¡Profesores, no capitulen!». Desde entonces, algunos de los que se han negado a capitular lo han pagado con la vida.

En octubre de 2020, Samuel Paty, profesor de Historia, fue decapitado por un terrorista checheno por cumplir con su trabajo: instruir a sus alumnos en el respeto a los valores fundacionales de las sociedades occidentales y a las palabras que presiden sus escuelas (libertad, igualdad, fraternidad) debatiendo sobre la libertad de expresión y mostrándoles las viñetas de Mahoma publicadas por Charlie Hebdo.

«La convivencia es una fábula», escribió Alain Finkielkraut tras la decapitación de Paty. «Los espacios que pierde la República son espacios conquistados por el odio a Francia. Los ojos se han abierto, las pruebas ya no pueden seguir siendo ocultadas».

El ministro francés de Educación, Jean Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación de Paty se produjeron 800 «incidentes» islamistas en los centros educativos del país.

En el Battières de Lyon, donde Paty empezó su carrera, un docente fue amenazado físicamente. Este profesor de Geografía e Historia había dado una clase sobre libertad de expresión siguiendo el programa de la asignatura. Entre otras cosas, dijo que Emmanuel Macron no es «islamófobo». El padre de uno de los alumnos –de quinto grado– fue a verle y lo desafió delante de testigos. «Fue explícito y muy intrusivo acerca de lo que se podía decir y no se podía decir en las clases», dijo uno de ellos. Conmocionado, el docente fue dado de baja por enfermedad y se le pidió que cambiara de centro.

En un instituto de Caluire-et-Cuire, cerca de Lyon, un estudiante amenazó a un profesor con «cortarle la cabeza». En Gisors, una chica distribuyó entre sus compañeros una imagen de la decapitación de Paty. En Albertville, Saboya, la Policía amonestó a cuatro escolares de diez años y a sus padres porque dijeron en clase que «ese profesor merecía morir». En Grenoble, un extremista musumám fue detenido por amenazar con decapitar a un profesor de Geografía e Historia llamado Laurent que sale en la TV. «Te cortaré la cabeza», le dijo. Laurent estaba preparando un vídeo de homenaje a Paty. En la escuela Pierre Mendès France de Saumur, un estudiante le dijo a su profesor: «Mi padre te decapitará».

Es imposible elaborar una lista exhaustiva de incidentes. Ocurren todos los días.

Una encuesta reciente da cuenta de los niveles de autocensura entre los profesores franceses. Para evitar episodios como esos, la mitad de los docentes admite que se autocensura en clase. Mediente el miedo, el terrorismo y la intimidación, el islamismo está cosechando lo que sembró.

Cómo permitimos al islamismo penetrar en la escuela es el título del libro que acaba de publicar Jean-Pierre Obin sobre el auge del islamismo en los centros educativos franceses. Obin, exinspector general de educación, coordinó en 2004 un informe sobre las manifestaciones de afiliación religiosa en los centros. No era el primer informe de un insider. Bernard Ravet fue, durante 15 años, director de tres de las escuelas más problemáticas de Marsella. En su libro ¿Director de colegio o imán de la República?, Ravet escribió:

El fanatismo lleva golpeando las puertas de decenas de centros desde hace más de diez años (…) Ha invadido el espacio físico de la República, centímetro a centímetro, imponiendo sus signos y parámetros.

El filósofo francés Robert Redeker escribió en 2006:

El islam trata de imponer sus normas en Europa, abrir las piscinas a determinadas horas sólo para las mujeres, prohibir la caricaturización de su credo, exige un menú especial para los niños musulmanes, combate por el uso del velo en la escuela, acusa de islamofobia a los espíritus libres.

Su artículo en Le Figaro se titulaba «¿Qué debería hacer el mundo libre ante la intimidación islamista?». Pocos días después, empezó a recibir amenazas de muerte. «No puedo trabajar y me he visto obligado a ocultarme», afirmó. «De alguna manera, los islamistas están consiguiendo castigarme en el territorio de la república como si fuera culpable de un delito de opinión».

Debimos haber prestado más atención a ese primer caso. Fue el primero en una ya larga serie de ataques contra profesores y centros educativos franceses. Catorce años después, Samuel Paty ha pagado con su vida, un profesor universitario acaba de recibir protección policial y otro ha tenido que abandonar su centro por amenazas. Si los extremistas consiguen intimidar a los colegios y universidades franceses, ¿por qué no van a poder someter a toda la sociedad?