Rocío carrasco: «No me duele tanto la paliza como que ella me quisiera meter en la cárcel»

Tras la paliza que narró en el capítulo anterior de 'Contar la verdad para seguir viva', Rocío Carrasco recordó cómo se puso en contacto con el colegio de la niña para decirles que no podía volver a su casa. Lo que no se esperaba es que la hija, en connivencia con el padre, iba a denunciarla por un delito de maltrato habitual. «Me da vergüenza y me da pena de mí y pena de ella, de que fuera capaz de hacer algo tan bárbaro», reconocía. Una llamada de la Guardia Civil le indica que debe presentarse en el cuartel, pero la madre se niega a declarar allí, «porque eso significaba que estaba denunciando a mi hija y yo eso no lo he hecho nunca», afirmaba. El que sí declaró como testigo fue Fidel Albiac.

Tras la paliza que narró en el capítulo anterior de ‘Contar la verdad para seguir viva’, Rocío Carrasco recordó cómo se puso en contacto con el colegio de la niña para decirles que no podía volver a su casa. Lo que no se esperaba es que la hija, en connivencia con el padre, iba a denunciarla por un delito de maltrato habitual. «Me da vergüenza y me da pena de mí y pena de ella, de que fuera capaz de hacer algo tan bárbaro», reconocía. Una llamada de la Guardia Civil le indica que debe presentarse en el cuartel, pero la madre se niega a declarar allí, «porque eso significaba que estaba denunciando a mi hija y yo eso no lo he hecho nunca», afirmaba. El que sí declaró como testigo fue Fidel Albiac.

«Creo que a mí no me duele tanto la paliza como el hecho de que ella me quisiera meter en la cárcel», se lamentaba Carrasco con un hilo de voz. Esa angustia que acompaña su relato y sus respuestas. «¿Le has perdonado?», le preguntaban. «Se tendrá que perdonar ella el día que se de cuenta, porque creo que hoy todavía no se ha dado cuenta», contestaba reflexionando sobre el siguiente encuentro que tuvo con su hija en los juzgados. «Estaba irreconocible. Alguien a quien yo había parido, pero que no tenía un ápice mío dentro», explicaba.

La hija de ‘la más grande’ expresaba su dolor y el tormento que sufría en aquel tiempo. «Vivía en el terror de alguien que no sabe lo que le depara el día siguiente. Estaba enterrada en vida», manifestaba reconociendo que también existió una agresión con un cuchillo. «Mi enano se metió por medio», sostenía refiriéndose a David, su hijo pequeño. Por todo eso, Rocío Flores fue condenada a seis meses de libertada vigilada. Y la madre insistía: «Ella, al final, antes que verdugo fue víctima».

El documental también sirvió para remover los cimientos de la denominada prensa rosa y, sobre todo, cargar contra algunos de sus colaboradores que, según la protagonista, están cortados por el mismo patrón. Nombres como el de Kiko Matamoros o Gustavo González salieron a la palestra. «Son los brazos ejecutores, hablan por su boca (la de Antonio David Flores). Tienen mucho en común los tres, demasiado», denunciaba Rocío. Y su familia tampoco salía excesivamente bien parada. «Los Mohedano lo que han hecho es apostar por lo que ellos pensaban que era el caballo ganador. Y ellos también son cómplices de alguna forma porque sabían la verdad», censuraba.

Desde aquel fatídico día, madre e hija no se han visto las caras. «Es ella la que no quiere tener contacto conmigo», argumentaba Carrasco, aunque a continuación admitía que ella tampoco ha buscado la comunicación. «No lo he intentado porque no puedo», confesaba añadiendo que los profesionales le han aconsejado evitarlo. «Se me prescribe médicamente que no tenga contacto con mi hija», aseguraba.