Cataluña y la carrera de caracoles

Por Yolanda Couceiro Morín

Lo ocurrido este fin de semana en Cataluña con motivo de las últimas elecciones ha sido, en lo que respecta al constitucionalismo, una teatralización de la situación actual de la derecha en España.

Los resultados en Cataluña nos han mostrado a un PP agotado, a Vox al acecho y a Ciudadanos en plena descomposición y en vía de desaparición.

Los resultados de las tres formaciones han sido realmente pobres, demostrando que en Cataluña, como en el País Vasco, lo de PP, VOX y Cs es una carrera de caracoles. Las formaciones constitucionalistas son incapaces no ya de convencer al electorado, cosa bastante complicada en política, sino que han demostrado su ineficacia para movilizar a sus propios votantes.

Las cifras son claras: un 50% del electorado se ha quedado en casa. Posiblemente el miedo al Covid-19 habrá influido, pero el hartazgo ha sido palpable. Partidos que ya no ilusionan a los catalanes que entienden Cataluña como una parte fundamental de España, han evidenciado su incapacidad para movilizar el voto tal como ocurrió hace cuatro años cuando Ciudadanos ganó aquellas elecciones. La huida de Arrimadas a Madrid firmó el principio del fin del proyecto naranja.

El PP no puede en absoluto mostrarse satisfecho con los resultados. VOX tampoco. Hace cuatro años el constitucionalismo lograba 40 escaños. Ayer se quedaron en 20. Esto significa que lo ocurrido es una derrota sin paliativos del españolismo en Cataluña.

Los resultados demuestran que PP, VOX y Cs iniciaron una carrera de caracoles con el fin último de acabar unos con otros, sin entender que el ganador seguirá siendo un caracol… sin posibilidades, sin futuro y sin peso específico. VOX es el caracol ganador de la nada, sin influencia ni capacidad para cambiar las cosas.

VOX debería entender, o hacer entender a sus votantes, que ser caracol en un mundo de liebres ofrece una esperanza de vida limitada. Y el PP debería considerar seriamente que sus alianzas deberían priorizar a VOX.

La derecha en España debería tener como principal objetivo el de abandonar el mundo de las carreras de caracoles… de las ridículas carreras de caracoles.